LAZARILLO DE TORMES

 


Este post trata de dar respuesta a un trabajo propuesto por la profesora Gema Gómez Rubio en la Facultad de Educación de Toledo, más en concreto, en la asignatura de Didáctica de la Literatura. Así pues, se trata de seleccionar una de las lecturas propuestas y analizar la misma en el contexto actual.

La lectura seleccionada ha sido La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades, obra fundacional de la novela picaresca, la cual me ha supuesto un reencuentro con un texto de profunda vigencia ética, social y literaria. No obstante, cabe destacar que, durante mi etapa en la Educación Secundaria Obligatoria (ESO), mi experiencia inicial con esta obra no fue satisfactoria; la profesora que nos guió en su lectura aplicaba una metodología excesivamente memorística y enfocada en el análisis gramatical, lo cual no despertaba interés alguno por la dimensión literaria del texto.

Por consiguiente, las clases se caracterizaban por su rigidez, sin ofrecer espacio para la reflexión ni para la conexión entre el mundo del libro y la realidad del alumnado; en consecuencia, Lazarillo de Tormes quedó en mi memoria como una lectura obligatoria, árida y privada de sentido, más que como una oportunidad de descubrimiento. Sin embargo, años después, el regreso a esta obra desde una perspectiva más madura, libre de métodos restrictivos, ha permitido que redescubra su enorme valor como documento simbólico y literario.

Lo que en un primer contacto fue percibido como una sucesión de anécdotas sin conexión ni profundidad, se revela ahora como un texto complejo, cuidadosamente estructurado y de notable riqueza estilística; a través del humor, la ironía y la aguda observación social, el Lazarillo ofrece una crítica demoledora del poder y sus corrupciones, envuelta en una narración aparentemente simple.

De manera particular, el episodio que mejor representa esta agudeza es el del primer amo, el ciego. Este personaje, de gran carga simbólica, representa una sabiduría desvirtuada al servicio del egoísmo, y una religiosidad hipócrita. Lázaro, obligado a sobrevivir, desarrolla estrategias ingeniosas, tales como la de beber vino a escondidas mediante una paja; tal como se lee en el texto: “Mas no había piedra imán que así trajese a sí como yo con una paja larga de centeno que para aquel menester tenía hecha...” (Tratado primero, p. 28, edición IDARTES, Bogotá, 2012).

Dicho episodio marca, por tanto, un punto de inflexión en la evolución del protagonista, quien abandona la inocencia infantil para adaptarse a una sociedad cruel e injusta. En contraste, el episodio con el clérigo se presenta como el más difícil de digerir, pues la avaricia del amo, quien oculta la comida mientras Lázaro padece hambre extrema, genera una experiencia de degradación física y moral.

Asimismo, el clímax del mismo se alcanza cuando, confundiendo el silbido de la llave con el de una culebra, el clérigo golpea brutalmente a Lázaro: “Levantando bien el palo [...] me descargó en la cabeza un tan gran golpe, que sin ningún sentido y muy mal descalabrado me dejó.” (Tratado segundo, p. 55). La escena evidencia, por ende, la violencia inherente a las relaciones de poder, incluso aquellas que deberían sustentarse en la compasión.

En concordancia, este tipo de episodios permite establecer conexiones entre Lazarillo y otras obras de la literatura española y europea que comparten estructuras y temáticas. En El Buscón, de Francisco de Quevedo, igualmente se retrata la miseria social mediante la figura de un joven marginado que sobrevive gracias a la astucia; aunque en este caso el tono es más grotesco y el enfoque más esperpéntico, la crítica social sigue siendo igualmente incisiva.

De igual forma, puede establecerse una fructífera comparación con Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes; a pesar de sus diferencias de tono y género, ambas obras comparten el propósito de cuestionar la realidad desde una perspectiva crítica. Lázaro, desde la marginalidad, y don Quijote, desde la locura idealista, funcionan, por ende, como reflejos deformados de una sociedad en crisis.

De manera más amplia, Lazarillo guarda paralelismos con novelas como Moll Flanders, de Daniel Defoe, en las cuales también se expone la lucha por la supervivencia en un mundo hostil. Al igual que Lázaro, Moll narra su vida desde la marginalidad y recurre al ingenio para ascender socialmente; estas obras, aunque separadas por el tiempo y la geografía, comparten, en consecuencia, una estructura episódica y una visión crítica del orden social establecido.

Desde una perspectiva pedagógica, El Lazarillo de Tormes se presenta como una herramienta rica en posibilidades didácticas; en mi caso, esta relectura ha transformado mi visión como lectora y me ha permitido reflexionar sobre la influencia decisiva de la metodología docente. Propuestas más actuales, tales como las desarrolladas por Fernández Martín (2024), defienden una enseñanza activa e interdisciplinar de los clásicos.

Aunque muchas de estas propuestas están dirigidas a Primaria, las mismas pueden adaptarse a la Secundaria con los ajustes necesarios; actividades tales como debates, dramatizaciones, análisis en grupo o incluso dinámicas inspiradas en el formato “escape room” pueden hacer que el alumnado experimente los conflictos de la obra de manera cercana y significativa. De este modo, se promueve, sin lugar a dudas, una lectura viva y participativa.

Del mismo modo, Fernández Millán et al. (2024) destacan el valor del debate estructurado en el aula como medio para fomentar el pensamiento crítico; planteando al alumnado cuestiones morales presentes en la obra, como el concepto de honra o la corrupción del clero, permitiendo que el texto trascienda lo literario y se convierta en una herramienta de análisis ético y social.

En definitiva, La vida de Lazarillo de Tormes no solo ha perdurado a lo largo de los siglos, sino que sigue ofreciendo una profunda reflexión sobre la naturaleza humana, la desigualdad social y la corrupción del poder, siendo una obra de indiscutible vigencia, cuyo mensaje resuena con fuerza en la sociedad contemporánea, invitándonos a reflexionar sobre nuestras propias realidades y valores.

REFERENCIAS:

Anónimo. (2012). La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades (ed. IDARTES). Bogotá: IDARTES.

Fernández Martín, J. (2024). La enseñanza activa de los clásicos: Una propuesta interdisciplinar. Editorial Universitaria.

Fernández Millán, A., García Martínez, L., & López García, J. (2024). El debate estructurado en el aula como herramienta pedagógica. Revista de Educación y Didáctica, 45(2), 65-82.

 

 


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