SEGUNDA LECTURA - RETO

 



ESTRUCTURAS DE LA MENTE DE HOWARD GARDNER. UNA MIRADA A LA INFANCIA, A LAS AULAS… Y AL ALMA

Tras la intensa lectura de Pedagogía del oprimido, que supuso para mí una verdadera reconciliación con la vocación que habita en mí desde que tengo memoria, decidí continuar este viaje lector adentrándome en una obra que, si bien desde otra perspectiva teórica, conserva el mismo espíritu de transformación, de ruptura con la homogeneidad educativa y de respeto radical por la diversidad de quienes habitan el aula.

Así fue como me reencontré con Estructuras de la mente (1983), del psicólogo estadounidense Howard Gardner, cuya teoría de las inteligencias múltiples no solo ha cambiado la forma de concebir la inteligencia, sino que ha abierto nuevos horizontes para pensar la educación desde la inclusión, la flexibilidad y la sensibilidad.

Esta lectura no surge por azar; responde a una experiencia concreta que viví recientemente durante mis prácticas en un colegio. Fue una de esas vivencias que no se olvidan; que no solo enseñan, sino que reconfiguran el mapa interno desde el cual miramos y nos posicionamos como futuras maestras. Acompañaba a la directora del centro en una clase de inglés con niños y niñas de tres años.

El aula, decorada con colores, texturas y materiales diversos, era ya en sí misma una provocación al asombro, pero lo verdaderamente revelador ocurrió cuando, al iniciar la clase, la maestra puso una canción; en ese momento, los cuerpos de los niños comenzaron a responder de formas tan distintas como genuinas: algunos bailaban con entusiasmo, otros golpeaban rítmicamente sobre la mesa, otros más se concentraban en repetir las palabras de la canción, mientras que algunos se dejaban llevar por la imagen proyectada en la pantalla.

Al observar todo aquello, ella me dijo, sin pretensión teórica, algo así como: “Cada niño se engancha por una cosa”. Aquella frase, tan sencilla, despertó en mí un recuerdo vago pero potente: aquello lo había leído en Psicología, en el primer curso de carrera. Era eso: inteligencias múltiples.

Aquella tarde, al llegar a casa, retomé mis notas, busqué en mis manuales, y terminé —casi con devoción— reencontrándome con la obra de Gardner; desde entonces, no he podido dejar de mirar el aula con ese prisma: cada gesto, cada elección, cada manera de aprender revela un mundo interior único y legítimo. Y me he propuesto, como pequeño reto a futuro, seguir profundizando en esta mirada.

De este modo, tal vez convertirla en la base de mi Trabajo de Fin de Grado o tal vez volver a llevarla al aula en una nueva experiencia de prácticas, específicamente, vincularla con mi mención, que es la lengua inglesa, ya que he descubierto la existencia de una obra que he reservado para el verano y que intuyo será clave: La enseñanza bilingüe y la integración de las inteligencias múltiples, publicada por la editorial Octaedro (Aznar-Díaz et al., 2019). Una lectura que, sin duda, reseñaré en su debido momento, pero que desde ya intuyo como una continuidad coherente de este camino que vengo recorriendo.

La propuesta de Gardner parte de una crítica radical a la concepción tradicional de inteligencia, dominada por pruebas estandarizadas y mediciones unidimensionales. En su lugar, propone un modelo plural, en el que reconoce al menos ocho tipos distintos de inteligencia: lingüística, lógico-matemática, espacial, musical, corporal-cinestésica, interpersonal, intrapersonal y naturalista (Gardner, 1983); esta clasificación no solo permite reconocer las múltiples maneras en las que las personas comprenden y expresan el mundo, sino que exige del docente una respuesta pedagógica que se adapte a dicha diversidad.

La aplicación de la teoría de las inteligencias múltiples en el aula representa un cambio de paradigma, ya que exige una planificación didáctica flexible y diversa, alejada de enfoques homogéneos y de la expectativa de obtener los mismos resultados mediante un único canal. Este enfoque implica diseñar actividades que estimulen distintos canales sensoriales y modos de representación simbólica, utilizar diversos instrumentos de evaluación —como proyectos, dramatizaciones, grabaciones, dibujos, esquemas o debates—, respetar los ritmos individuales de aprendizaje mediante estrategias diferenciadas y fomentar el trabajo cooperativo a partir de la complementariedad de talentos.

En el contexto de la educación literaria, esta teoría cobra especial sentido; la lectura y la escritura no son únicamente actos lingüísticos: son también musicales (ritmo del verso, cadencia de la prosa), espaciales (representaciones mentales del escenario), corporales (interpretación dramática), emocionales (empatía con los personajes), naturales (paisaje y entorno en la narrativa), y profundamente personales.

Como señala Camps (2010), “la literatura no puede enseñarse como contenido cerrado; debe experimentarse desde la pluralidad de los modos de significar”. Aplicar inteligencias múltiples en este ámbito permite, por ejemplo, trabajar una obra narrativa a través de actividades musicales, representaciones teatrales, mapas mentales, debates filosóficos o incluso salidas al entorno para vivenciar la atmósfera del relato.

En el ámbito de la lengua inglesa, las posibilidades se amplían aún más; como apuntan Tomlinson y Whittaker (2013), integrar inteligencias múltiples en la enseñanza del inglés favorece tanto la motivación como la retención, y permite que el alumnado se aproxime al idioma no solo desde la gramática, sino desde su dimensión corporal, visual, emocional y artística. Cantar canciones, representar cuentos, diseñar murales, crear podcasts, explorar rutinas diarias o resolver pequeños desafíos comunicativos son estrategias que no solo permiten aprender la lengua, sino habitarla.

Desde una perspectiva más personal, volver a esta obra ha sido también volver a aquella niña que fui; a la que se sabía distinta, y quizás por ello no siempre reconocida. La misma que encontraba sentido en las palabras, pero también en el juego, en la música, en el movimiento, en la emoción de enseñar a otros lo que ella misma descubría. Hoy, desde este lugar de reflexión y formación, entiendo que la verdadera inclusión comienza por reconocer que cada ser humano es una constelación irrepetible, y que educar no es formar moldes, sino cultivar posibilidades.

Volver a leer a Gardner ha sido, en muchos sentidos, volver a mirar; mirar el aula como un caleidoscopio de talentos, de sensibilidades, de modos de estar en el mundo, mirar al alumnado no como recipientes, sino como jardines distintos, que requieren distintos cuidados, mirarme a mí misma, no como una futura maestra que repite fórmulas, sino como una artesana de lo posible. En la infancia que observo en clase, veo la mía; en cada mirada curiosa, en cada respuesta inesperada, encuentro sentido y me prometo, una vez más, seguir buscando, leyendo, pensando... para que nunca se me olvide que ser maestra no es un trabajo. Es una forma de amar el mundo.

REFERENCIAS:

·                    Gardner, H. (1983). Frames of Mind: The Theory of Multiple Intelligences. Basic Books.

·              Gardner, H. (2017). Estructuras de la mente: La teoría de las inteligencias múltiples (3.ª ed.). Fondo de Cultura Económica.

·                    Aznar-Díaz, I., Cáceres-Reche, M. P., Romero-Rodríguez, J. M., & Trujillo-Torres, J. M. (2019). La enseñanza bilingüe y la integración de las inteligencias múltiples. Octaedro.

·                    Camps, A. (2010). Leer y escribir en la escuela: De las prácticas sociales a las prácticas escolares. Graó.

·                    Tomlinson, C., & Whittaker, C. R. (2013). Differentiated Instruction in Response to Student Readiness, Interest, and Learning Profile in Academically Diverse Classrooms: A Review of Literature. Journal for the Education of the Gifted, 35(3), 266–298.

·                    Armstrong, T. (2009). Multiple Intelligences in the Classroom. ASCD.

·                    Gardner, H. (1999). Intelligence Reframed: Multiple Intelligences for the 21st Century. Basic Books.

·                    Jensen, E. (2005). Teaching with the Brain in Mind. ASCD.

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