SEMANA 10 - PRÁCTICUM II
INTRODUCCIÓN
Nos aproximamos a la fase conclusiva de este periodo de prácticas y la carga cognitiva resulta, en ocasiones, extenuante. Esta décima semana ha estado marcada por una dualidad de sensaciones: por un lado, la satisfacción intelectual que deriva de la implementación mi Trabajo de Fin de Grado (TFG), el cual comienza a arrojar resultados esclarecedores; por otro, el agotamiento físico y mental ante una realidad institucional injusta. Resulta imperativo reflexionar sobre la vulnerabilidad del alumnado en prácticas, quienes a menudo nos vemos abocados a ejercer de "recurso paliativo" ante las carencias del centro. Mientras navegamos entre la exigencia de una intervención investigativa y la responsabilidad de programar, asumimos con frecuencia la gestión integral de alumnos con Necesidades Específicas de Apoyo Educativo (NEAE) sin recibir las guías necesarias.
DÍA A DÍA
Lunes 10. La jornada se inició bajo la instrucción de Laura y su persistente modelo de clase magistral, una metodología marcadamente transmisiva y carente de dinamismo. No obstante, el desarrollo de mi intervención del TFG ha aportado una luz motivadora al proyecto, evidenciando una evolución favorable pese a la fatiga acumulada. Pese a seguir la programación de inglés prevista, la deficiente organización institucional me obligó a resolver constantes imprevistos de forma autónoma. Se me ofreció participar en una actividad externa sobre aves rapaces en el polideportivo, pero Marisol dictaminó mi permanencia en el aula para priorizar la ejecución de mi intervención. Durante la última sesión, asumí la atención personalizada de Ángela (alumna con Trastorno del Espectro Autista).
Martes 11. La mañana transcurrió como siempre corrigiendo las fichas acumuladas durante el fin de semana en el segundo curso. Mientras en el aula de sexto persistía un enfoque pedagógico tradicional, yo ejecutaba la programación de inglés de manera diligente. Iniciamos el diálogo sobre nuestra evaluación final, lo que me indujo a un análisis introspectivo del Prácticum, siendo innegable la asimetría laboral existente; la carga de trabajo derivada del TFG, sumada a la atención constante a Ángela y a otras responsabilidades delegadas de forma arbitraria, resulta abrumadora. Se percibe que nuestra presencia se utiliza más para aliviar la carga lectiva del docente que para fomentar un aprendizaje vicario de calidad.
Miércoles 12. Continué con la corrección sistemática de tareas, una labor mecánica que apenas aporta valor formativo. Optimicé mi hora de coordinación para avanzar en las fases de diseño y maquetación técnica del TFG. En el quinto, proseguí con la implementación de la unidad didáctica y, al finalizar la mañana, ejecuté la propuesta de intervención con el grupo restante; creo que es aquí cuando realmente aprendo porque pruebo las cosas que diseño y pese a que me frustre un poco hasta que veo que funciona (hace unas semanas no las tenía todas conmigo de que fuera a funcionar), pues al menos lo intento y aprovecho el tiempo, alejándome del libre de texto.
Jueves 13. Esta jornada fue una de las mejores del Prácticum. A pesar de una organización institucional mejorable, colaboré con el equipo de Educación Infantil en una salida extraescolar. Trabajé en el aula de tres años junto a la coordinadora del nivel, una experiencia muy enriquecedora. Aproveché mi bagaje previo del año pasado en esta etapa para dinamizar la asamblea mediante recursos lúdico-musicales en lengua inglesa, obteniendo una respuesta muy positiva. Posteriormente, asistimos a una representación de teatro de marionetas, lo que supuso un contraste revitalizante respecto a la rigidez de Primaria. Lamentablemente, al regresar al centro, Yolanda mostró una actitud de absoluta indiferencia, ignorando mi labor tras una mañana de intenso trabajo.
Viernes 14. Regreso a una dinámica desmotivadora. Durante las cuatro primeras sesiones, permanecí en un estado de inactividad forzada ante la ausencia de directrices por parte del profesorado, aunque como siempre me hice cargo de Ángela en las dos horas que no había especialistas. En la quinta hora, se me encomendó la atención de Marcos (alumno con TEA) en el tercer curso. Ante la inexistencia de protocolos de actuación o materiales adaptados, me vi obligada a improvisar flashcards gramaticales sobre la marcha. Esta constante demanda de improvisación requiere una resiliencia mental considerable, especialmente cuando se percibe una dejadez instructiva por parte de los docentes titulares. Concluyó la semana con Laura y su habitual hermetismo metodológico. Sobreviviendo a un sistema fosilizado.
REFLEXIONES
La presente semana invita a una reflexión crítica sobre la instrumentalización del estudiante de Prácticum. Resulta deontológicamente cuestionable que se nos delegue la atención exclusiva de alumnos con NEAE, como Ángela o Marcos, sin proporcionarnos el andamiaje pedagógico necesario. Como sostiene Gago (2013), el aprendizaje debería fundamentarse en un modelo de mentoría compartida, no en una sustitución encubierta del docente titular.
La incursión en la etapa de Infantil ha evidenciado el entusiasmo educativo que parece haberse extinguido en los niveles superiores de este centro. Existe una flagrante injusticia pedagógica: se nos exige un rendimiento profesional en la programación e intervención, mientras recibimos a cambio modelos de enseñanza obsoletos. El capacitismo institucional se manifiesta cuando se desplaza la responsabilidad de la inclusión hacia el alumnado en prácticas. Al menos, el TFG avanza poco a poco gracias a un esfuerzo autogestionado, evidenciando que, en este contexto, la formación reglada por parte de los docentes titulares es, lamentablemente, exigua.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
Gago, M. (2013). Modelos de enseñanza y aprendizaje. Editorial Universitaria.
Imágenes tomadas con permiso del centro.
Pujolàs, P. (2008). El aprendizaje cooperativo. Graó.
Vygotsky, L. S. (1978). Mind in Society: The Development of Higher Psychological Processes. Harvard University Press.
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